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domingo, 28 de septiembre de 2008

Albarracín

Albarracín está considerado como uno de los pueblos más pintorescos y bellos de España. Con la simple visita a la ciudad no es preciso de buscar más justificación a tan honrosa atribución. Emplazada a la entrada de las gargantas del Río Guadalaviar, a 1180 metros de altitud, Albarracín da nombre a la sierra en la que se sitúa (la Sierra de Albarracín) al suroeste de la provincia de Teruel.

El otro plato fuerte del fin de semana turolense fue sin duda la ciudad de Albarracín, donde llegamos en torno a las 16:15h, de este Sábado, 27 de Octubre del 2008.

Aparcamos al lado de nuestro hotel, el muy recomendable Hotel Arabia, en la parte más baja de la ciudad, y ya bajándonos del coche y mirando con cierta perspectiva, nos quedamos fascinados con el entorno arquitectónico de tan singular belleza, y desafiante a los principios más básicos de la gravedad, que se elevaba sobre nuestras cabezas.

No perdimos tiempo en pasar por el hotel, e inmediatamente nos dirigimos al centro de la ciudad para realizar la visita guiada, que prometía un rotundo interés. Subimos por la peculiar escalinata que desde la carretera conduce al centro histórico, y pronto alcanzamos la Plaza Mayor de la localidad, muy cerca de la cual encontramos el establecimiento turístico "El Andador", que organiza rutas guiadas por la localidad.

Nos informaron que la siguiente ruta guiada estaba planificada a las 17:00h, por lo que disponíamos de unos minutos para tomar contacto con la ciudad por nuestra cuenta.

Anduvimos un poco por estas angostas y peculiares callejuelas hasta llegar a un bonito mirador, junto a la Catedral y el Palacio Episcopal de la localidad, que nos ofrecía una soberbia vista sobre todo Albarracín, destacando el impresionante sistema de murallas que guarnecían la fortaleza y Torres de la Engarrada, y del Andador, sitas en el punto más alto del cerro, por cuya ladera se van descolgando, a modo de colmena, y unas encima de otras, todas la peculiares casitas del característico color ocre que tanta personalidad provee a la ciudad, hasta la propia vega del Río Guadalaviar, el cual rodea y delimita el centro histórico de la ciudad.



Muy cerca se encontraba la sede de la Fundación Santa María de Albarracín, concretamente en el histórico edificio de las Caballerizas del Palacio Episcopal, hábilmente recuperado para las labores de difusión turística llevadas a cabo por dicha Fundación. Visitamos brevemente este lugar, donde disfrutamos de un corto audiovisual explicativo de la historia y arquitectura de la ciudad, muy interesante para su interpretación.

Nos presentamos puntuales a las 17:00h en la Plaza Mayor para iniciar la visita guiada. Pronto descubrimos el gran nivel de erudición sobre la zona que poseía nuestra guía, Erosia, y la pasión que imprimía en las explicaciones que nos ofrecía sobre los aspectos históricos y culturales de aquella, su tierra. También nos ayudó en estos primeros momentos de la visita a saber interpretar la peculiar arquitectura de la población, basaba en el uso del yeso y la madera, que si bien resultaba sencilla, demostraba su contundente eficacia para soportar el paso de los siglos, no en vano algunos de los enormes maderos que soportaban el peso de cada piso, entresacaban los balcones, e incluso ampliaban la superficie de la planta a medida que se ascendía en altura, tenía casi ocho siglos de antigüedad. Según nuestra guía, la fortaleza de estos pilares se debía al conocimiento profundo del trabajo de la madera, y al corte de la misma, realizado en luna menguante y con savia muerta (circunstancia ideal en enero para árboles de hoja caduca).

Nos pusimos en marcha bajando desde la Plaza Mayor por la calle Azagra, cuya peculiaridad radica en que ofrece dos perspectivas bien distintas, según se baje o según se suba. Resulta también curiosa la casa que hace esquina entre esta calle y la Calle Postigo, una casa de geometría muy irregular hasta el punto de presentar visibles seis lados.

Continuamos la marcha y en seguida nos topamos con la famosa Casa Azul, la única de este color que existe en la población, y una de las pocas con estética distante de esos ocres, característicos del yeso oxidado por la humedad. Giramos luego a nuestra izquierda para tomar la Calle del Chorro, ofreciéndonos el paseo por la misma una vista excepcional hacia La Alcazaba y La Catedral.

Hicimos una pequeña parada en un lugar de esta calle para observar la impresionante inclinación que presenta el flanco de una de las casas, con más de 60cm de desplome, apurando al máximo extremo su equilibrio gravitatorio.

Proseguimos ahora hasta la Iglesia de Santiago (s.XVII) de la que se eleva una de las más vistosas torres de la ciudad, y tomamos la calle del mismo nombre hasta llegar a la Casa de la Julianeta, que propicia una de las fotos más típicas de Albarracín. Se trata de una edificación sin un sólo muro en perfecta verticalidad, desafiando de igual modo la ley de la gravedad.

Muy cerca de la casa de la Julianeta se encuentra el Portal de Molina, llamado así porque de aquí partía el camino hacia Molina de Aragón. Está formado por dos robustos torreones cuadrados y poseía un matacán defensivo para arrojar objetos a los invasores. Continuamos el paseo reparando en las curiosas celosías y blasones que lucían algunas casas señoriales, de grandes portones decorados con curiosas aldabas de motivos animales (reptiles, fundamentalmente), hasta llegar al llamado Rincón del Abanico, desde donde podemos admirar un buen ejemplo de los principios arquitectónicos de la ciudad, llevados de nuevo al límite, con casas desafiantes a la gravedad y a los años, incrementado la planta en cada nivel superior con voladizos inverosímiles.

Y por último, para finalizar la visita guiada, nos dirigimos a extramuros de la ciudad, para admirar primero la fachada barroca del Palacio Episcopal (s. XII-XVIII), residencia de los obispos de la diócesis de Albarracín, y La Catedral, del s. XVI, construida sobre una edificación anterior del siglo XII, de origen románico o mudéjar, aunque conserva losas con inscripciones de origen romano.

Y así terminamos la visita guiada a la ciudad, en el mismo mirador que disfrutamos a nuestra llegada, ya sólo quedaba pasar por el hotel para acomodarnos, y disfrutar después de una provechosa cena en el restaurante "El Rincón del Chorro", donde pudimos dar buena cuenta de una muestra gastronómica sin igual, muy tradicional de esta tierra, una sopa de ajo en perola, y una suculenta paletilla de ternasco convenientemente regado con un vigoroso caldo del Bajo Aragón.

viernes, 15 de febrero de 2008

Zamora, la bien cercada.

Zamora esconde tras su humildad 24 Iglesias Románicas levantadas entre el s.XI y el s.XIII que constituyen uno de los más importantes legados históricos y culturales de nuestro país. La belleza serena, distante, sobria y en parte desconocida de esta ciudad, así como de los rincones de la provincia, junto a su contundente gastronomía y tradición enológica, configuran un fin de semana inolvidable para el viajero que sepa aprovechar en su mejor medida las virtudes que nos brinda esta tierra de Castilla.


Estatuas en la Plaza Mayor de Zamora

Llegué a Zamora disfrutando de la grata compañía de Iván y Natalia en torno a las 17:30h del Viernes, 15 de Febrero de 2008. Tras un breve registro y ocupación de las correspondientes habitaciones en el coqueto hotel Dos Infantas, bajamos inmediatamente a buscar un lugar adecuado para estacionar el vehículo, concretamente el nuevo y flamante Opel Vectra de Iván, que supuso su estreno en viaje largo en esta precisa ocasión. Tras dar un par de vueltas por la ciudad, pronto entendimos su fisonomía, sencilla y recogida, hasta llegar a las inmediaciones del Centro de Salud de Puerta Nueva, donde pudimos encontrar estacionamiento sin problemas, al resguardo de uno de los monumentales muros que configuran el ancestral recinto amurallado de la ciudad.

Desde esta zona, a orillas del Duero, ya se adivina un bonito paisaje con interesantes vistas sobre el río y su amplia vega, dominando la perspectiva los dos puentes, el metálico, y el histórico puente de piedra, que mantienen la comunicación y tránsito entre ambas partes de la ciudad. Dimos un primer breve paseo por la ribera del Duero, para acto seguido dirigirnos hacia el centro de la ciudad. En nuestro camino nos topamos con la primera de las bonitas iglesias románicas de la ciudad, concretamente la de Santa María de la Horta (s. XII-XV), que destaca por el impresionante y colosal campanario, completamente poblado de nidos de cigüeña y sus correspondientes inquilinos.


Iglesia de Sta María de Horta

En su entorno se encuentran los restos del antiguo convento de la Orden de San Juan de Jerusalén, construido en los siglos XIV y XV, la antigua Fábrica de la Luz, con su imponente chimenea, la más alta de Castilla y León, catalogada como monumento histórico artístico.

Continuamos nuestro paseo subiendo la pronunciada cuesta que forma la bonita y pintoresca calle de Balborraz, hasta llegar a la Plaza Mayor, auténtico centro neurálgico de la ciudad. Destaca de la Plaza Mayor de Zamora, la Iglesia de San Juan Bautista o de Puerta Nueva (s. XII-XII y s. XVI-XVIII), de cuya fachada principal destaca un magnífico rosetón a eje cubierto de alabastro, por encima de la entrada principal, con tradicional conjunto de tres arquivoltas concéntricas, muy característico del Románico Zamorano. Destaca también de este monumento la cercana presencia de las estatuas que representan dos nazarenos encapuchados en actitud procesional, típica de Semana Santa, conjunto que se ha convertido en uno de los iconos más característicos de la ciudad. Tuvimos también ocasión de visitar el exquisitamente decorado interior de la iglesia, muy brevemente eso sí, para no interrumpir los oficios que un nutrido grupo de devotos estaba celebrando en ese momento.

Continuamos el breve paseo de reconocimiento y toma de contacto con la ciudad dirigiéndonos ahora a la Plaza de Santa María la Nueva, donde podemos encontrar el interesante museo de la Semana Santa, y la Iglesia de Santa María la Nueva (s. XII). Ya casi cayéndonos encima la noche, completamos un pequeño recorrido circular regresando hacia la Plaza Mayor, pasando ahora por la Plaza de Viriato.

Aquí se encuentra el Parador de Zamora, que tuvimos ocasión de visitar en su interior. Se trata de un auténtico palacete renacentista del s. XV que nos muestra de manera clara y meridiana todos los elementos arquitectónicos propios de este movimiento; un gran patio central decorado con numerosos medallones con retratos de los ilustres personajes de la época, con un pocito, rodeado de galerías, y unas amplias escaleras que desde el patio dan acceso a las estancias.

Habiendo finalizado esta toma de contacto con el casco histórico de la ciudad, nos dispusimos a poner en práctica y dar forma a otro de los objetivos que hasta estas tierras nos había traído: homenajearnos contundentemente con las más exquisitas viandas y mejores caldos que esta tierra pudiera poner a nuestra disposición.

Comenzamos tomando unas tapas en los locales de la Calle de los Herreros, una de las zonas más acreditas para estos fines. Empezamos por el bar "Los Abuelos", donde lo más provechoso que sacamos fue una recomendación para ir a cenar un poco más tarde al restaurante "La Rúa". Continuamos con el bar "El Chorizo", lugar extraordinariamente acogedor por su confortable hogar, que nos hace olvidar por un momento los rigores del invierno, y que también se aprovecha para asar con paciencia los exquisitos chorizos que se sirven a modo de "tapa estrella" del establecimiento. Nos llamó la atención de este lugar la posibilidad de degustar un suculento caldo que algunos habituales aderezaban con un chorrito de Jerez. Y finalizamos la ronda de tapas con una visita a "La Sal", donde tuvimos la oportunidad de degustar un exquisito vino joven de Toro, llamado "Corral de Campanas", acompañado por una aún más deliciosa y elaborada tapa de queso de oveja y nuez. Hay que comentar, para ajustar las expectativas del lector a la realidad, que si bien hay un dicho popular que dice "Zamora no se tomó en una hora", bien podríamos también decir que "En Zamora, la tapa, se paga", sin perjuicio de la calidad de las mismas.

Acabado el tapeo por esta zona de la localidad, nos dirigimos a cenar al mencionado Restaurante "La Rúa", donde dimos buena cuenta de uno de los fundamentos gastronómicos de Zamora, el Chuletón de Aliste, generosamente regado con caldos de la región (Toro). No se nos pasó por alto la habilidad de este hostelero para preparar interesantes arroces servidos a la cazuela en barro y hechos al horno de leña: Arroz a la Zamorana y Arroz con Bogavante. Tomamos buena nota de ello para no renunciar a la posibilidad de degustarlos en otro momento de nuestra estancia. Con esto y con un Gin Tonic en la cafetería del Hotel, terminamos nuestro primer día en la ciudad de Zamora.

El Sábado por la mañana teníamos previsto efectuar la visita guiada a la ciudad organizada por el ayuntamiento, y que daba comienzo a las 11:00h; así pues, tras un rápido desayuno en el hotel, marchamos hacia La Plaza de Viriato, punto de partida de la excursión urbana dirigida.

Plaza de Viriato, monumento al héroe tribal

La Plaza de Viriato es un bello emplazamiento en el centro de la ciudad, delimitado a un lado por el Parador de Turismo, que no es otro que el antiguo Palacio Renacentista de los Condes de Alba y de Aliste (siglo XVI), y al otro lado de la plaza, El Hospital de la Encarnación, un edificio del siglo XVII, actual sede de la Diputación Provincial.

Preside la plaza un colosal monumento en honor a Viriato, el célebre héroe tribal celtíbero que puso en jaque a los ejércitos romanos tras ganarles nada menos que ocho batallas consulares, el mismo número que tiras rojas en su memoria y honor componen la bandera de Zamora (a la que además se le añadió una tira verde, que los Reyes Católicos otorgaron a la "Enseña Bermeja" en agradecimiento a la lealtad de la ciudad).

La estatua de Viriato es del escultor Eduardo Barrón (s.XIX) y representa a Viriato en pie sobre una enorme piedra, a cuyos pies reza el título "Terror Romanorum". La enorme piedra de granito fue extraída del pueblo zamorano de Torrefrades, y en su base se encuentra la figura de un ariete con forma de cabeza de carnero.

Cabe destacar que estos edificios representativos visibles desde la Plaza de Viriato fueron construidos a base de piedra autóctona Zamorana, caracterizada por sus bonitos tonos ocres y rosados debido a la alta composición de hierro.

Gran parte del espacio diáfano de la plaza esta cubierta por árboles cuyas ramas han sido entrelazadas e injertadas formando una tupida pero bonita cobertura.

Plaza de Viriato, Zamora


Recibidas estas interesantes explicaciones por parte de la guía de la visita, Begoña, continuamos caminando por la do la Rúa de los Francos, hasta llegar a una de las joyas Románicas Zamoranas por excelencia: La Iglesia de la Magdalena (s.XII y XIII), con la fachada más ornamentada del
Románico Zamorano, de la que destacan las trabajadas y exquisitas arquivoltas, representando con iconos adecuados las virtudes y el paraíso, en contraposición a los capiteles sobre los que reposan, que representan el mal, en forma de gárgolas, arpías, y otras criaturas del averno.

Destaca de esta iglesia su inquietante interior, donde se haya un bello sepulcro en el que descansa una dama, cuya identidad es aún hoy completamente desconocida. Este sepulcro jamás ha sido abierto, salvo parte de la cornisa superior que resguarda la tumba con objeto de ser restaurada, descubriéndose en aquel momento que estas elaboradas cornisas superiores eran realmente osarios.

Finalizada la visita a esta iglesia y continuando por la misma calle, llegaremos hasta la iglesia de San Ildefonso, donde se conservan los sepulcros de San Ildefonso y San Atilano. Ambos sepulcros se encuentran elevados sobre el altar mayor del templo, detrás de una reja cerrada con un candado de cuatro llaves. Cada una de las llaves necesarias para la apertura del candado es custodiada por distintas entidades: el Obispado, el Cabildo Catedral, el Ayuntamiento de Zamora y la Cofradía de Caballeros Cubicularios, órden religiosa creada en el s.XIII con el fin de proteger y conservar las reliquias de los Santos en este emplazamiento, cuya custodia ha estado siempre disputada por la ciudad de Toledo, muy devota de S. Ildefonso. Aún hoy en día se siguen nombrando caballeros Cubicularios, si bien las exigencias para entrar a formar parte de la orden, que originariamente eran proceder de familia cristiana vieja hasta 5ª generación, hoy en día se han adecuado a los tiempos, y como mayor restricción se exige estar en posesión de un título universitario.

Continuamos la visita por la ciudad cruzando un bonito arco que da acceso a la plaza de Fray Diego de Deza, y más adelante nos detuvimos en uno de los mejores miradores de la ciudad, el mirador del Troncoso, que nos presenta una excepcional panorámica sobre el río Duero y el celebérrimo puente de piedra.

Saliendo del mirador y tomando una exigua calle llegamos la Catedral (s.XII), probablemente el templo románico más importante de la ciudad.



Catedral de Zamora


Destaca su impresionante cúpula oriental, también llamado cimborrio bizantino, al que dan forma sus 16 nervios entrecruzados y las 16 ventanas que lo perforan, símbolo numérico de la perfección absoluta en la época. Como dato curioso, en el trayecto que hemos traído desde la Plaza Mayor a la Catedral se pueden apreciar en las fachadas y torres más de 40 nidos de cigüeña.

Mereció mucho la pena visitar el museo de la Catedral, donde se guarda una exquisita colección de enormes e impresionantes tapices flamencos del s. XV-XVI, de motivos épicos o mitológicos, como la marcha de Aníbal, o la Batalla de Troya, de gran riqueza cromática y elaboradísima realización.

Tras la visita al museo bajamos a ver el propio interior de la catedral, del que cabe destacar el gran fresco de S. Cristóbal que el visitante se encuentra frente a la puerta de entrada, así como las muy interesantes capillas, de las cuales destaca la de Sta Inés, en la que el excelente retablo de Berruguete del Santo Cristo acoge el Sagrario en el que se conserva la reliquia llamada de la "Cruz de Carne". Según reza en la Tabla ilustrada que se encuentra en la capilla, la sorprendente reliquia fue entregada por un ángel a Fray Ruperto, monje de la orden de San Benito, que rogó al Altísimo para que acabase con la peste que asolaba Zamora. Dice otra leyenda que un obispo intentó comprobar que la reliquia fuese de realmente de carne o no, y para ello la pinchó con un alfiler, brotando de la cruz en ese mismo momento un gran chorro de sangre que le salpicó en los ojos, dejándole ciego.

Con esto dimos por finalizada la visita a la Catedral de Zamora, saliendo a su exterior para visitar brevemente la cercana "Puerta del Obispo", la única de las portadas románicas que conserva la ciudad. Muy cerca se halla la "Torre del Cid", edificio del cual se dice que vivió el célebre D. Rodrigo Díaz de Vivar, siendo éste el único monumento de carácter civil de arquitectura románica que conserva la ciudad.

La visita guiada concluyó en los jardines del Castillo de Zamora (s. XI), junto a la Iglesia de S. Isidoro del Carmen (s. XII) y la llamada Puerta o Portillo de la Traición, por donde según la tradición pasó Vellido Dolfos tras dar muerte al Rey Sancho II de Castilla durante el "Cerco de Zamora", que en el año 1072 estableció dicho monarca a la ciudad a raíz de las desavenencias con su hermana, Doña Urraca. Del tal Vellido Dolfos dice el romancero zamorano:

Vellido Dolfos se llama,
hijo de Dolfos Vellido,
si gran traidor fue su padre,
mayor traidor es el hijo;
cuatro traiciones ha hecho,
y con ésta serán cinco.

Traiciones que finalmente pagó siendo descuartizado por el tiro de cuatro caballos convenientemente amarrados a cada una de sus extremidades. El cerco de Zamora duró en torno a 7 meses y de este acontecimiento histórico provienen los dichos populares: "Zamora, la bien cercada", y "Zamora no se ganó en una hora". Así pues concluimos finalmente la interesantísima visita guiada al patrimonio histórico y cultural más importante de la ciudad, y siendo ya como eran, las 13:30h de la tarde, decidimos empezar a poner en práctica el segundo de los acontecimientos gastronómicos que teníamos preparado.

Tras tomar un breve aperitivo, cogimos un taxi y nos dirigimos hacia la cercana población de "El Perdigón", donde podemos encontrar un numerosísimo grupo de bodegas tradicionales soterradas, muy típicas de esta comarca, que han sido reconvertidas a restaurantes en los últimos años. Se trata de un lugar tranquilo, de belleza austera, donde se puede disfrutar de la gastronomía y caldos Zamoranos a precios muy interesantes, siendo la especialidad en esta zona las carnes a la brasa (costillas, chuletas de ternera, de cordero, etc...).
Elegimos "La Bodega Antigua" para almorzar, lugar muy acogedor, decorado al más puro estilo sobrio y tradicional castellano, con mesas camillas con brasero de ascuas a los pies, a la antigua usanza. Dimos pues buena cuenta de una correcta chuleta de Ternera precedida de una sabrosa sopa castellana, convenientemente regado todo ello por un "Cermeño" joven. Acabada la comida marchamos a descansar unas horas al hotel.


Tras el descanso y casi anocheciendo, llegamos a visitar el último punto de interés que teníamos previsto en Zamora, el llamado Bosque de Valorio, un bonito parque en las estribaciones de la ciudad al cual llegamos prácticamente sin luz del día, y que nos deparó un breve y agradable paseo a orillas del arroyo que serenamente discurre por este frondoso bosque.

Acabamos el sábado y el paseo nocturno por la ciudad tomando alguna tapa, esta vez en la zona denominada de "Zambrana" y "Los Lobos", zona que recibe su nombre del "Bar Lobo", célebre por los pinchitos morunos que sirven como aperitivo. También visitamos el muy típico "Bambú", conocido por su especialidad en patatas bravas y los "tiberios", mejillones con salsa de tomate picante; y "Los Abuelos" (es otro bar distinto al de la zona de Herreros), ofreciendo mayor variedad de tapas este último.

El Domingo por la mañana, después de tomar un café con churritos en la cafetería-churrería "Malu", cercana al mercado de abastos, pusimos rumbo a la localidad portuguesa de Miranda do Douro, para disfrutar de otro de los platos fuertes turísticos que nos ha deparado este viaje; la visita al Parque Natural de Arribes del Duero. Hicimos el camino de ida desde Zamora por la N-122 hasta la localidad de Ricobayo, tomando aquí el desvío hacia Villalcampo, que nos dejará en Portugal tras unos 30km por una tortuosa carretera, pero acompañados de excelentes paisajes y vistas, tardando en total en cubrir el viaje de ida algo menos de una hora, habiendo perdido bastante tiempo dentro de Zamora hasta encontrar la salida buena.

Llegamos a eso de las 11:40h a Miranda do Douro, y más concretamente al aparcamiento del Centro Ambiental Luso-Español, ubicado nada más cruzar la presa que sirve de frontera entre ambos países. En el lado portugués se sitúa el embarcadero desde el cual parte el Crucero Ambiental por el corazón del Parque Natural de Arribes del Duero.

Se trata de un impresionante entorno natural, donde el Río Duero, en su recorrido fronterizo entre España y Portugal forma un profundo cañón de sobrecogedoras paredes verticales, configurando un entorno de gran riqueza geológica y biológica. Llegamos pues con bastante tiempo para adquirir las entradas del viaje, que comenzaba a las 12:00h en punto del mediodía, hora española, y relajarnos y disfrutar ante semejante paraje natural.

Justo enfrente del embarcadero, en el lado español, pudimos apreciar unas escalinatas que subían desde el río hasta un camino que acompañaba al curso del río durante unos metros para acabar perdiéndose en el interior de España. En las escalinatas ondeaba la bandera española, y existe una campana, aunque en la distancia no podía apreciarse convenientemente. Según nos comentó posteriormente el guía, esta era la zona natural de vadeo del río, aunque actualmente tiene una cauce mucho más crecido debido a la presencia de la presa. Se dice que esta ya era zona de paso desde época romana, y que el camino que divisábamos en el lado español no era otro que el trazado de una ancestral calzada. Todavía hoy se conserva hoy en día la tradición, de que el caminante, al llegar desde España por este camino a la orilla del río, hace sonar la campana, y desde el lado portugués sale una embarcación para traer al viajero hasta territorio portugués. Adicionalmente, se le invita a una copa de vino de Oporto antes de continuar la marcha.

Y así, a las 12:00h, partíamos en el barco del Crucero Ambiental, siguiendo el curso del Duero, flanqueados por acantilados de más de 200 metros de altura, un viaje sencillamente inolvidable. Durante el recorrido el simpático guía portugués no pierde ninguna oportunidad para explicarnos los detalles de la flora y fauna del parque, así como alertarnos de la presencia de algún ave de especial interés que sobrevolara la embarcación, como los buitres leonados y el milano real.

Así mismo pudimos prestar especial atención a algunos puntos de gran interés que nos brinda la travesía, como la "Poza de las Nutrias"; lugar donde se pueden observar frecuentemente algunos de estos animales, también la "Encina Centenaria"; un curioso y espectacular ejemplar de esta especie que se levanta empotrando su raíces en la roca del acantilado de manera inverosimil, así como algunos nidos de águila imperial, y los muy valiosos nidos de Cigueña Negra, dos de ellos perfectamente visibles durante la ruta, siendo uno de ellos absolutamente espectacular, por su tamaño, y por hallarse completamente suspendido en el vacío desde la pared del acantilado; es tan interesante este último nido que ha llegado a ser fotografiado para un reportaje en National Geographic.

A la altura de este singular nido de Cigüeña Negra, el barco comienza a virar en redondo para regresar al embarcadero y dar por finalizada la excursión. Durante el trayecto de regreso se permite a los pasajeros salir a las terrazas exteriores del barco para disfrutar con más intensidad del paseo.

Llegamos a tierra a las 13:15, y como es costumbre, el amable personal del centro nos invitó a una copita de riquísimo vino de Oporto, amenizándose este final de visita con un breve espectáculo de exhibición de un precioso Búho Real.

Como conclusión, una experiencia esta de la visita a los Arribes del Duero de extraordinario interés, y muy recomendable para todo aquel que se disponga a pasar unos días en el entorno de Zamora.


De regreso a la capital, tomamos como camino de retorno esta vez la carretera CL-527, que aunque tiene mayor distancia kilométrica, su mejor acondicionamiento nos puso en Zamora en escasos 40 minutos, para, a las 14:30h, estar puntualmente presentes en el Restaurante La Rúa para dar buena cuenta de un espectacular y exquisito Arroz con Bogavante, cocido en cuenco de barro, con el que di por concluido este sensacional fin de semana en Zamora.

Por último sólo nos queda agradecer a nuestro compañero Jesus Lorenzo las precisas y provechosas indicaciones y sugerencias que nos ha trasladado para sacarle todo el partido a este viaje.

Para más información:

http://www.inzatur.com/recorrido_historico.htm

http://www.europarques.es/

http://www.foroware.com/noticia.asp?id=558

sábado, 26 de enero de 2008

De Ischadia a Ciempozuelos

Ciempozuelos es una población del Sur de Madrid a la que el intenso desarrollo urbanístico no le ha privado de su sabor a pueblo. Esta bonita ciudad conserva en su casco viejo monumentales rincones que muestran su rica y ancestral historia.

Detalle de la Plaza de la Constitución de Ciempozuelos

Ciempozuelos debe su origen a un primer asentamiento de población que pudo ser fundado en torno al año 180 a.C. bajo la dominación romana. Los primigenios pobladores podrían proceder de la ciudad de Puzol y de la isla de Ischia, en el Golfo de Nápoles. Esta población recibió el nombre de "Ischadia", del griego "Áridos higuerales" por la abundancia en la zona de este árbol.

El origen del actual nombre, Ciempozuelos, se debió a la construcción de un canal para surtir de agua a la población acarreándola desde un paraje llamado Buzanca, a unos 2 kms. Dado que el caudal no era muy abundante, se construyeron numerosos pozos de suministro para mejorar el flujo de suministro. Actualmente no quedan restos de esta obra fluvial.

He llegado a Ciempozuelos a las 11:30h de este Sábado 26 de Enero de 2008 en compañía de Fernando (Ratone) y familia, para disfrutar del cache temático que nuestro amigo Antonio (Cherokee) ha habilitado para darnos a conocer la localidad.
http://www.geocaching.com/seek/cache_details.aspx?guid=ae765b02-003f-43df-8682-4f31d9c7da3b

Aparcamos en las inmediaciones del viejo Matadero, que en un futuro albergará el Museo de Ventura Rodríguez, y tomamos la Calle Jerónimo del Moral en dirección hacia la Plaza de la Constitución. Merece la pena aquí hacer una parada en el Convento de las Clarisas, o Convento de Franciscanas de San Juan Evangelista, de principios del s. XVII, que a parte de su propio interés histórico-artístico, ofrece la posibilidad de adquirir los exquisitos dulces que las 14 religiosas de clausura preparan en su horno de leña (pestiños, rosquillas, pastas de té, etc).

Continuamos nuestro paseo hasta la Plaza de La Constitución, una típica Plaza Castellana que conserva con fidelidad la arquitectura autóctona de esta zona, y cuya visita nos trae inmediatamente a la mente su cierta similitud con la Plaza Mayor de la vecina población de Chinchón. Destaca en la plaza el edificio del Antiguo Ayuntamiento, del s.XIX.

Muy cerca de la plaza se encuentra el monumento conmemorativo a la antigua Maltería de la localidad, en el mismo lugar en el que se ubicaba esta industria, lugar ahora reconvertido en una bonita placita, presidida por una gran pieza de maquinaria que conforma el citado monumento, levantado en homenaje a todos sus trabajadores.

Continuando nuestro paseo desde la Plaza de La Constitución, muy cerca de ésta podemos encontrar la Plaza de Ventura Rodríguez, reconocido arquitecto e hijo predilecto de la villa, en la que podemos encontrar una fuente, que durante muchos años (hasta la década de los 70) fue el punto único de suministro de agua de la localidad. Esta fuente está coronada por una efigie al célebre arquitecto.

También en la misma plaza podemos encontrar la Iglesia de Santa María Magdalena, cuyo origen pudiera ser un primigenio templo mudéjar del s. XIV, y con un interior muy rico, decorado con placas de yeserías en tonos ocres y blancos, así como un retablo policromado en dorado, con un lienzo pintado por Claudio Coello en 1680.

Continuamos unos metros la marcha para ir a buscar la Antigua Escuela de Enfermería "San Juan de Dios", con una bonita y refinada fachada de estilo francés con frontones semicirculares de gran simetría, para después acabar en la estación de tren, cuyo azaroso proyecto comenzó en 1829 y finalizó en 1850.

Tras estas interesantes visitas, regresamos a la Plaza de la Constitución donde aprovechamos para encontrarnos con Antonio (Cherokee) y tomarnos juntos un aperitivo. Después fuimos todos juntos hacia la zona del cache, en un conjunto de cerretes a las afueras del pueblo, donde Fernando nos hizo toda una exhibición de las capacidades off-road de su todoterreno (Land-Cruiser KDJ), superando una zanja y un talud de tierra especialmente diseñado para impedir el paso de todoterrenos, con un ataque en diagonal con un cruce de puentes de libro y rozando con la panza y con el paragolpes en la salida, exprimiendo los ángulos del coche al máximo.

Desde la zona del cache, sobre un cerrete de yesos poblado casi exclusivamente por espartales, disfrutamos de las bonitas vistas a toda la vega del Jarama y sus característicos cortados o cantiles.