
El día se presentaba absolutamente espléndido, radiante, despejado y luminoso, a modo de paréntesis a la inestabilidad meteorológica generalizada que llevábamos arrastrando en Madrid en las últimas semanas, circunstancia no muy habitual para estas fechas, y estando ya tan próximo el inicio del verano. Afortunadamente pues, las condiciones meteorológicas se presentaban de manera óptima, siendo el mejor de los presagios para el desarrollo de las actividades que íbamos a desarrollar.
Pronto terminaron de llegar el resto de equipos de Madrid, las huestes Catalanas junto a Fernando, y poco después llegó Stefan y Arancha, que venían un poco más rezagados dado que tuvieron que esperar la llegada del autobús que traería desde Madrid hasta Manzanares el Real a los participantes Letones que habían confirmado su asistencia a última hora.
Mientras Stefan terminaba de preparar el Memorial Cache que habilitaríamos durante el transcurso del evento, explique brevemente el entorno en el que nos encontrábamos, algo que consideraba que podría ser interesante dada la relevante presencia de foráneos que asistían al evento. El entorno no en vano lo merecía, estábamos en el Refugio-Albergue
de La Morcuera, muy cerca del Puerto del mismo nombre, que junto con el cercano Puerto de Canencia, forman los dos tradicionales pasos desde Madrid al Valle del Lozoya, superando las últimas estribaciones de la Cuerda Larga. Al fondo presidían la estampa las colosales alturas de La Najarra, La Loma de Bailanderos, y la Cabeza del Hierro Mayor, cuyas laderas norte presentaban un precioso aspecto por el amarillo del piorno en flor, sobre un lecho fresco y verde, gracias a las abundantes precipitaciones de esta temporada. También impresionaba la vista del Macizo de Peñalara, que todavía mantenía importantes neveros, y su prolongación natural, los Montes Carpetanos, cadenas montañosas que cierran por el norte el bonito Valle del Lozoya.


Yo acompañé al grupo que seguiría la Ruta 1. Iniciamos la marcha unos pocos metros por el GR-10.1 y al llegar a las inmediaciones del Arroyo Aguilón, nos desviamos del camino bajando con
pronunciada pendiente, tenido que cruzar de lado a lado el arroyo en alguna ocasión para buscar el terreno más propicio para caminar. El primer punto de parada era un cache tradicional llamado "La Piedra del Mirador". Se hallaba en un claro del bosque, en unas formaciones rocosas muy propicias para esconder un cache. Una vez en el punto el grupo dio con el cache sin mayores problemas, y con gran pericia, dado la habilidad con la que estaba oculto.
Se cuenta en Rascafría que este bandolero robaba a los ricos, asaltaba iglesias y caminos y luego lo repartía entre los más necesitados; cometía sus fechorías por la noche y durante el día se ocultaba en el hueco del gran ejemplar de olmo sito en la Plaza de España de la localidad.

Rápidamente los más jóvenes dieron con un objeto no demasiado frecuente de encontrar en el bosque: un palo de herramienta; pico, o similar.
Esto hizo que se despertase el interés por continuar, así que rápidamente proseguimos hacia la siguiente estación, ahora por una senda bien marcada junto al arroyo. Pronto el GPS empezó a girar hacia nuestra izquierda (Sur), a unos 50 metros de distancia ladera arriba. Los más curiosos no dudaron en lanzarse ladera arriba para intentar encontrar, entre unas rocas, nada más y nada menos que una pala. Parecía claro que habría que cavar, pero, ¿Qué más sorpresas nos depararía el cache?.

Tras un rato de risas y buena diversión, dejamos la tumba del Tuerto Pirón en perfectas condiciones para disfrute de los subsiguientes grupos, y proseguimos la marcha hacia el siguiente cache, donde nos encontraríamos con los participantes de la Ruta 2.
Mientras el grupo de la Ruta 2 se aproximaba mientras eran interceptados por un grupo de scouts que andaban esturreando al ganado ante su estupor, nosotros que ya estábamos llegando a la zona del cache, empezamos a observar que la flecha se desviaba misteriosamente hacia el interior de una poza que allí formaba el arroyo.
Mucha diversión con este cache y con este encuentro entre los dos grupos. Para nuestra sorpresa Josep (bat62) hizo entrega a Antonio (Antoniobj) de una pareja de llaves que nos ayudarían a encontrar el siguiente cache.
Tras la breve charla, proseguimos adelante para localizar nuestro siguiente cache. Su nombre seguro que nos depararía alguna nueva sorpresa: “Hay que estar colgao…”, por lo que nos pusimos rápidamente manos a la obra marchando con diligencia al lugar.

Recuperado el cache del interior del nido, procedimos a la firma mientras Anto
Con esto concluimos el último cache de la ruta y sólo nos quedaba regresar al punto de inicio por el anchos y limpio sendero GR-10.1, con moderada pendiente ascendente, que el intenso sol de la jornada hizo un tanto duro de superar. Una vez en la zona inicial, buscamos un hueco donde comer mientras terminaban la ruta el resto de grupos.

Ya sólo quedaba terminar con un juego colaborativo que nos depararía la clave para encontrar el bonus cache. Pedimos 10 voluntarios que encerramos hábilmente en un cuadrilátero delimitado por cintas de embalar.
Si se las ingeniaban para salir de cuadrilátero sin romper las cintas, habría conseguido la última
incógnita para que el grupo pudiera obtener la posición final del cache. La verdad que todos los voluntarios mostraron un gran desparpajo y resolvieron hábilmente el juego, con un pelín de ayuda de los que estábamos fuera, imprescindible para la seguridad de todos ellos.

Así pues, sólo quedaba visitar el cache final, situado en una zona relativamente cercana y despejada de vegetación, con unas espectaculares vistas hacia Peñalara y La Cuerda Larga.
Algunos se lo tomaron con más tranquilidad y decidieron quedarse en el lugar donde almorzamos intercambiando algunos travel-bugs y charlando entusiásticamente sobre este fascinante hobbie que nos une y nos acerca, desde lugares tan diversos y variados.
Noemí (Nahane), que participó en otra de las rutas nos cuenta como vivió la experiencia en la Ruta 3:
Después de una noche de algún que otro exceso empezaba nuestra aventura de Geocaching Arena 2008. Nos habían prometido sorpresas en el recorrido de este año, por lo que estábamos deseando comprobar qué nos deparaba el día.
El primer punto fue el Refugio-Albergue de la Morcuera donde empezaríamos la jornada. Aquí empezaron los saludos a viejos amigos y a algunos que no conocíamos. Me gustó volver a encontrarme con algunos compañeros a los que sólo tenemos la suerte de ver en este evento.
Después de los saludos y las presentaciones Juande dio una breve explicación de la zona (qué picos podíamos ver desde la zona de aparcamiento, la flora de la zona…), así como las diferentes rutas que podíamos elegir (nosotros optamos por la ruta 3, la mas dura).

Una vez que todos los grupos estuvieron formados nos pusimos en camino hacia el primer punto. Tuvimos que andar unos kilómetros por carretera y después nos desviamos a la izquierda donde, después de atravesar una valla, escondimos el caché Memorial del evento.
Después de cruzar la carretera fuimos al primer punto donde encontramos nuestra primera sorpresa: unas llaves. Las instrucciones decían que teníamos que llevarnos las llaves porque quizá más adelante nos harían falta, y así lo hicimos.

Para llegar al siguiente punto seguimos el camino que llevábamos y encontramos un tupper que

Cuando llegamos a las coordenadas marcadas teníamos que buscar una herramienta grande que nos sería útil más adelante. Nos costó un poco encontrarla porque las coordenadas no eran muy precisas, pero dado que el grupo era numeroso al final dimos con ella. Encontramos, atada a un árbol, una escalera. En este momento tuvimos que usar las llaves que habíamos encontrado en el primer punto.



Aquí nos dimos cuenta de para qué eran todas las cosas que habíamos encontrado porque para conseguir el caché había que meterse en el agua. La verdad es que no hizo falta insistir mucho
porque enseguida Xavrydo se lanzó al agua sin pensárselo dos veces. Nos lo pasamos genial, este caché fue muy original, pero todavía nos esperaban más sorpresas. Aprovechamos este punto para descansar y algunos incluso se atrevieron a darse un pequeño chapuzón.

Desde este punto nos dirigimos al caché del Tuerto Pirón. Nos metimos en el bosque y empezamos a ascender por una fuerte pendiente, fue el tramo más duro de la jornada. Cuando llegamos arriba encontramos una tumba y de repente vimos a Marc y a Sergi profanándola: no podíamos creer lo que veíamos.

Bueno en realidad encontramos la tumba del Tuerto Pirón y teníamos que desenterrar la caja que estaba llena de culebras… Qué asco!!! Después de las bromas, risas… y de firmar el log book fuimos al caché de la Piedra del Mirador.

Cuando llegamos a las coordenadas nos costó un poco encontrar el caché porque el contenedor se camufla muy bien.
Una vez encontrado, volvimos al punto de encuentro donde nos unimos al grueso de grupo para reponer fuerzas y terminar la jornada con un divertido juego que nos daría la posición final del Bonus Cache.
Por último sólo queda dar las gracias a todos los participantes por vuestra asistencia. Esperamos volver a veros el año que viene, con nuevas sorpresas y sobre todo, mucha diversión.
Ficha técnica de la ruta y descarga de track en Wikiloc: